
Desde que hace unos días murió Bobby Fischer he leído toda clase de artículos de opinión sobre él, como mito, héroe de la infancia de tantos jóvenes de todas partes...aspectos de su vida han salido ahora a la luz, como la mala relación que tuvo con su madre o el hecho de que parece ser que finalmente se casó con una japonesa. Es lo más o menos habitual cuando fallece alguien que tuvo alguna relevancia, más si el personaje es alguien excéntrico y complejo como lo era él. Pero lo que más me ha llamado la atención, según aparecía publicado este domingo en el diario El País, es que quizá sus últimas palabras, o al menos las últimas que alguien escuchó fueron algo así como "no hay nada que alivie el dolor como el toque humano". Eso me llegó de un modo muy especial, por circunstancias particulares en mi vida ahora. No deja de sorprenderme que alguien con un cociente intelectual según dicen mayor que el de Einstein, en ese momento de su vida en el que quizá ya intuye su final, sienta que lo que más necesita es eso, contacto humano. Y es que quizá el pobre Bobby no tuvo nunca una madre que le pusiera la mano en la frente cuando tuvo fiebre y permaneciera a su lado mientras se dormía, se me ocurre pensar, o que le frotase la rodilla después de una caída...Lástima que quizá su prodigioso desarrollo intelectual no fuera más que una compensación de sus carencias afectivas, qué trágico que uno no sea capaz de remontar ese abandono tan temprano y llegar a ser un hombre pleno...espero que muriera en paz, Bobby, y que si está en algún lugar, sea feliz.

No hay comentarios:
Publicar un comentario