sábado, 26 de enero de 2008

Qué no, qué no, no, no, no


Eso es lo que mi sobrino de dos años y medio dice trescientas veces por minuto, quinientas mil veces al día. Y eso es lo que me han dado ganas de decir, pataleando como él, al ver el trailer del remake cinematográfico de Get Smart, o Super agente 86, como lo conocimos aquí. Será que me hago vieja, pero me ha dejado más fría que ver a Rappel con aquel tanga...no concibo cómo de una idea tan ingeniosa y divertida se puede hacer algo tan inefable, es que no existe una palabra para definir la insipidez del trailer( y teniendo en cuenta que ahora no son más que la recopilación de las únicas escenas decentes de un bodrio de 120 minutos, por norma general...). De verdad, la industria norteamericana está tocando fondo. Y para comprobarlo http://getsmartmovie.warnerbros.com/

No me mandes flores


Me ha venido a la cabeza esa entrañable película de la también entrañable Doris -quéserá,será- Day, y esas sobremesas de los sábados por la tarde, cuando sólo había dos cadenas, la primera y el guachefe, que decía mi abuela.
Acabo de ver un reportaje en un informativo sobre el bookcrossing, fenómeno que ya conocía de oídas desde hace tiempo, y sobre el que seguro hay un montón de información en internet, pero del que nunca, nunca he visto ni un sólo libro de esos "liberados" (como las mujeres del destape)...y eso es algo que me inquieta, ¿a dónde van a parar todos esos libros que la gente, generosa, y sin espacio en casa, echa al mundo cual pajarillo del nido? ¿estarán los libros buscando a su legítimo dueño como Marco a su madre?...en fin, tampoco he visto a ningún pitufo por esta gallarda y hermosa ciudad (no fumo nada, por lo leído en la prensa- y es mucha la que leo-la semana pasada para conmemorar el 50 aniversario de esos seres azules, distintas ciudades europeas, secretos, eso sí, sus nombres, iban a amanecer sembradas de pitufos, como esos libros del bookcrossing, o esos topillos castellanos...)bueno, tendré que irme acostumbrando a que esto es cada vez más el bronx que la utópica aldea azulada, pero es que con lo que me gustan las sorpresas, los encuentros inesperados, las coincidencias y la sincronicidad, me irrita saber que mientras yo camino por la acera quiza haya un libro o un pitufo solo y esperando ser hallado.
Ah ¿la relación entre Doris Day y los libros cual es? La hay, la hay...después de la suelta de libros, vino el servicio de prestámos del Metro de Madrid, iniciativa -de las pocas-loable en esta ciudad...y ahora las maquinas de vending, de vending libros, sí, ya existen, seguro que en el resto del mundo eran ya habituales, pero yo me sorprendí hace poco al encontrar junto a las clásicas de refrescos, una de libros, que aunque sean los típicos best seller, bienvenidas sean. Y en cierto lugar de paso de muchos viajeros, también ha aparecido hace poco, como un extraño champiñon, una de estas máquinas, que expende ramos de flores...no he tenido valor de acercarme a comprobar si son reales o de plástico...pero harían juego con el pijama de Doris y su peinado ye-yé, supongo que esta maquinas vendrán directamente de EEUU, porque son ideales para un baile de graduación express, cuando la chica de tus sueños ha roto con el capitán del equipo de beisbol, y te llama pidiéndola que la acompañes,... asi que si me muero o quieres invitarme a cenar, mejor, no me mandes flores.

viernes, 25 de enero de 2008

Taxi driver, paper reader


Al comienzo de la película, un taxista mayor le dice al personaje de De Niro que uno acaba convirtiéndose en aquello en lo que trabaja, claro que este menda venía ya tocado del Vietnam y se puso como se puso a pegar tiros, la COPE sólo no produce ese efecto, o casi, a lo sumo habría que combinarlo con madrugadas de Tercer Milenio. Pero cuando la ví (aunque no era la primera vez, esta fue estando en el colegio aún, criaturita) yo tenía un trabajo horrendo, incluso más solitario que el del taxi driver, y a los pocos días soñé que me encontraba en la tienda en la que trabajaba y un individuo entraba allí y sin más, me disparaba. Tuve el acierto de dejar el empleo, no sólo por el sueño, la realidad ayudaba bastante, pero en las siguientes semanas el sueño volvía a repetirse; esta vez yo ya no era dependienta, si no que caminaba por cualquier calle o me encontraba en cualquier sitio, y aparecía un hombre que me disparaba. El terror que me invadía se pasó a la vigilía, y no es que yo no supiera diferenciar sueño de realidad, pero se apoderó de mí de tal modo, que acabe en la consulta de un psiquiatra. Quien por cierto no hizo ni puñetero caso a los sueños, lo cual no llego a comprender, pues los sueños desde antiguo han guiado al hombre, de una manera bastante importante ( y ahí esta toda la Bíblia para atestiguarlo, aunque no se quiera ver nada más que como leyendas o mitos folclóricos). En algún libro, bastante tiempo después( y de manera casual) encontré una explicación que me gusto mucho a esta clase de sueño, Mujeres que corren con los lobos, de Clarisa Pinkola Estés, explicación que no tiene nada que ver con esos típicos diccionarios de sueños que muchos ojean en los VIPs,de hecho es curioso que sepa reflejar tan bien todos los matices de esas pesadillas.
En fin, pasa el tiempo y no sé si nos convertimos en aquello en lo que trabajamos, por suerte me duran poco los trabajos, pero sí sé que van perdiendo intensidad los sueños, las pasiones, los deseos, y que mi cerebro se va pareciendo cada vez más al de Homer Simpson, lo cual tampoco sé si está del todo mal, parece ser que es bastante feliz, ese gordinflón.

jueves, 24 de enero de 2008

veinticuatro de enero de dos mil ocho


siempre la misma, ...pasan los días, las semanas, los meses, los años, siempre iguales, ansiando el gran cambio, el corte del cordón umbilical, pero... algo cambia para que todo siga igual, y cuando me doy cuenta ya es demasiado tarde, estoy envuelta de nuevo en la misma espiral, en la línea 6 de la vida, me he pasado la parada y cambiar de andén es una tontería, total, llegaré al mismo sitio sólo que dando un rodeo mayor, para qué quiero llegar a ninguna parte, digo yo...
no recuerdo la primera vez que lo ví, ni lo que me pareció, ni en que preciso momento dejó de ser uno más de los que me encontraba en el andén, noche tras noche, a la salida del alienante trabajo, y empezó a ser primero un proyecto de deseo y luego ya, deseo (¡achtung!)impaciente y frustrado desde su inicio, destinado a ser una triste historia fallida más que anotar en la culata. Siempre la misma, que se ruboriza, tropieza y se agita más de lo habitual, gesticula histriónica y grita demasiado, nena no aprendiste nada de Anaïs Nin, me digo, y míralo, puedo ver de que pie cojea, antes de intercambiar una palabra. Pero aún así espero impaciente como una colegiala la llegada al andén, y adoro esas situaciones en las que el destino travieso y malvado como él sólo juega para que me sorprenda cuando ya no lo esperaba encontrar o me quede triste si lo espero y no llega. Y ni siquiera sé por qué me gusta, y esto es lo que más me gusta, que no hay un por qué, ni un para qué, es sólo el simple hecho de que él es un hombre y yo una mujer, y siento calor cuando lo veo, ni violines ni corazones de San Valentín en el aire. Ojalá me atreviera a salir corriendo por el vagón gritando "estoy vivaaaaaaaaa de nuevo, y esta vez, estoy aquí para quedarme", ojalá me atreviera a proponerle una noche salvaje en un hotel, ojalá haga un trasbordo y deje esta maldita línea circular y coja la ampliación que nunca acaba, la que lleva allí donde haya terreno que perforar. Por lo menos no se parece a nadie que haya conocido ni a quien haya deseado...al menos tengo más clase que Sarkozy, me digo, no es un simple clon de alguien del pasado y esto me hace feliz, me hace feliz pensar que yo no tenía razón, que Kieslowski estaba equivocado, que ni yo misma podré imaginar lo que sucederá mañana.

"se equivocó la paloma, ..."



Quizá lo mejor que he podido aprender en los últimos años, es que cuando cae el velo de Maya, cuando todas las expectativas sobre nosotros, los demás, la vida, desaparecen hechas añicos por el curso impasible de la realidad, es cuando podemos empezar a vivir realmente, de una manera libre y auténtica. No hacen falta grandes tragedias ni sucesos tremendos para hacernos caer en la cuenta de que quizá estabamos equivocados esperando que los demás se comportaran como quisieramos que se comportaran, o que en ese momento justo de la existencia, fuese a suceder lo que nos colmaría de felicidad. Y sin embargo, aún me queda la necesidad de echar la vista atrás e intentar recopilar pequeños retazos de la que fui, siempre da un poco de vértigo encontrarse en medio de una existencia en la que ya no importa el pasado, y no ansiamos ningún futuro.

miércoles, 23 de enero de 2008

Extrañas coincidencias I - Rouge, de Kieslowski



En esta secuencia, el viejo juez le cuenta a la joven un sueño que sobre ella ha tenido. Toda la película juega con esas circunstancias que parece que se repiten a lo largo de nuestra vida, incluso que parecen repetirse de unas vidas a otras, saltando de generación en generación, hasta que somos capaces de aprender su lección. Kieslowski cuenta que se basó en un poema de la premio Nobel Wislawa Szimborska (escribo el nombre de memoria), que encontró en un libro que compró para un miembro del equipo de una película anterior, de casualidad en un mercadillo, y justo en ese poema se encontraba el germen de lo que él quería desarrollar en este filme.
Mi historia con esta película parece también sacada del propio argumento, me fue recomendada por alguien en quien yo creí ver la encarnación de lo que podría llegar a ser mi futuro, si seguía ciertos caminos que había emprendido en la adolescencia. Pero la vida no es como una película de Kieslowski, por mucho que a veces me empeñara en verla así. Esta es mi escena preferida porque es lo único que quiero salvar de mi adolescencia y de mi afán de ver señales donde no las hay ( y de no ver las que sí indican lo que indican); puede parecer una chifladura, pero muchos años antes de ver esta película, incluso años antes de que se rodara, yo tuve un sueño similar al del juez Trintignant, quise creer que trataba sobre mi futuro, pero quién sabe sobre el destino de quién soñé...

Extrañas coincidencias II - L´Atalante, de Jean Vigò



L´Atalante es sin duda una de esa pequeñas grandes joyas de la historia del cine, rescatadas para la memoria actual por el vilipendiado J.L. Garci, que si bien no ha contribuido mucho al engrandecimiento del séptimo arte -ni al protocolo de Kioto, por la cantidad de emisiones de co2 que, multiplicadas por la cantidad de emisiones de su "¡Qué grande es el cine!", dan un total de...en fin,sí que hay que agradecerle que pusiera a nuestro alcance cuando aún no había mulas ni youtubes otra de esas historias mágicas y llenas de encanto, misterio que me subyugaban hace unos cuantos años. Esta escena es maravillosa en su simplicidad lejos de los efectos especiales actuales, como lo es la del sueño de la esposa en el camarote, más adelante. (pero que no he encontrado en youtube). Y la tildo de extraña coincidencia porque me remite al concepto de "sincronicidad" de Jung, vamos, eso que seguro nos ha pasado a todos, que soñamos o pensamos mucho en alguien, y al día diguiente nos lo encontramos.

domingo, 20 de enero de 2008

fracaso escolar

-dicen que la nueva profesora es bastante buena...

-¿es joven?

-...umm, unos veintisiste...creo

-¿pero no era cuarentona?

-...creo que no, que esa es la de segundo....a ver si está buena

-...yo prefiero que no...así no me distraigo...y estudio más

(conversación real entre adolescentes, escuchada en un autobús)

veinte de enero de dos mil ocho



Estaba traspasada por el dolor. Surgió del tumulto rugiendo, tan hermoso que aún dolía más verlo. Me trató, el doctor, del mal que me había llevado hasta allí; me trató mal, con la soberbia del que conoce el poder de su belleza y desde las alturas de su profesión. Me puso. Me puso bien. Dejé allí el dolor de mis entrañas y salí con otro aún más profundo, lejano, casi olvidado...sempereadem