
siempre la misma, ...pasan los días, las semanas, los meses, los años, siempre iguales, ansiando el gran cambio, el corte del cordón umbilical, pero... algo cambia para que todo siga igual, y cuando me doy cuenta ya es demasiado tarde, estoy envuelta de nuevo en la misma espiral, en la línea 6 de la vida, me he pasado la parada y cambiar de andén es una tontería, total, llegaré al mismo sitio sólo que dando un rodeo mayor, para qué quiero llegar a ninguna parte, digo yo...
no recuerdo la primera vez que lo ví, ni lo que me pareció, ni en que preciso momento dejó de ser uno más de los que me encontraba en el andén, noche tras noche, a la salida del alienante trabajo, y empezó a ser primero un proyecto de deseo y luego ya, deseo (¡achtung!)impaciente y frustrado desde su inicio, destinado a ser una triste historia fallida más que anotar en la culata. Siempre la misma, que se ruboriza, tropieza y se agita más de lo habitual, gesticula histriónica y grita demasiado, nena no aprendiste nada de Anaïs Nin, me digo, y míralo, puedo ver de que pie cojea, antes de intercambiar una palabra. Pero aún así espero impaciente como una colegiala la llegada al andén, y adoro esas situaciones en las que el destino travieso y malvado como él sólo juega para que me sorprenda cuando ya no lo esperaba encontrar o me quede triste si lo espero y no llega. Y ni siquiera sé por qué me gusta, y esto es lo que más me gusta, que no hay un por qué, ni un para qué, es sólo el simple hecho de que él es un hombre y yo una mujer, y siento calor cuando lo veo, ni violines ni corazones de San Valentín en el aire. Ojalá me atreviera a salir corriendo por el vagón gritando "estoy vivaaaaaaaaa de nuevo, y esta vez, estoy aquí para quedarme", ojalá me atreviera a proponerle una noche salvaje en un hotel, ojalá haga un trasbordo y deje esta maldita línea circular y coja la ampliación que nunca acaba, la que lleva allí donde haya terreno que perforar. Por lo menos no se parece a nadie que haya conocido ni a quien haya deseado...al menos tengo más clase que Sarkozy, me digo, no es un simple clon de alguien del pasado y esto me hace feliz, me hace feliz pensar que yo no tenía razón, que Kieslowski estaba equivocado, que ni yo misma podré imaginar lo que sucederá mañana.

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