viernes, 25 de enero de 2008
Taxi driver, paper reader
Al comienzo de la película, un taxista mayor le dice al personaje de De Niro que uno acaba convirtiéndose en aquello en lo que trabaja, claro que este menda venía ya tocado del Vietnam y se puso como se puso a pegar tiros, la COPE sólo no produce ese efecto, o casi, a lo sumo habría que combinarlo con madrugadas de Tercer Milenio. Pero cuando la ví (aunque no era la primera vez, esta fue estando en el colegio aún, criaturita) yo tenía un trabajo horrendo, incluso más solitario que el del taxi driver, y a los pocos días soñé que me encontraba en la tienda en la que trabajaba y un individuo entraba allí y sin más, me disparaba. Tuve el acierto de dejar el empleo, no sólo por el sueño, la realidad ayudaba bastante, pero en las siguientes semanas el sueño volvía a repetirse; esta vez yo ya no era dependienta, si no que caminaba por cualquier calle o me encontraba en cualquier sitio, y aparecía un hombre que me disparaba. El terror que me invadía se pasó a la vigilía, y no es que yo no supiera diferenciar sueño de realidad, pero se apoderó de mí de tal modo, que acabe en la consulta de un psiquiatra. Quien por cierto no hizo ni puñetero caso a los sueños, lo cual no llego a comprender, pues los sueños desde antiguo han guiado al hombre, de una manera bastante importante ( y ahí esta toda la Bíblia para atestiguarlo, aunque no se quiera ver nada más que como leyendas o mitos folclóricos). En algún libro, bastante tiempo después( y de manera casual) encontré una explicación que me gusto mucho a esta clase de sueño, Mujeres que corren con los lobos, de Clarisa Pinkola Estés, explicación que no tiene nada que ver con esos típicos diccionarios de sueños que muchos ojean en los VIPs,de hecho es curioso que sepa reflejar tan bien todos los matices de esas pesadillas.
En fin, pasa el tiempo y no sé si nos convertimos en aquello en lo que trabajamos, por suerte me duran poco los trabajos, pero sí sé que van perdiendo intensidad los sueños, las pasiones, los deseos, y que mi cerebro se va pareciendo cada vez más al de Homer Simpson, lo cual tampoco sé si está del todo mal, parece ser que es bastante feliz, ese gordinflón.
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