domingo, 6 de abril de 2008

¡estás igual!

Hace un par de semanas, por las sorpresas de la vida, me reencontré con un vieja amiga de la infancia. En esta ocasión la expresión es muy acertada, ya que hace 25 años que nos "separamos"; mantuvimos el contacto por carta, cartas de una ingenuidad inexistente hoy día creo yo, bastantes años, aunque cada vez se fueron espaciando más, quedando reducido a un christmas por navidad, hasta que incluso eso desapareció, y alguna vez, en estas dos décadas y media nos hemos visto, pocas, contadas con los dedos de una mano quizá, siendo ya no tan niñas. Esta vez, puede que por lo inesperado, puede que por mi momento personal, ha sido una agradable sorpresa, pero luego, pasados los días, pensando hacia dónde voy, qué he hecho con mi vida, recordando cosas tan antiguas que las tenía olvidadas, me queda un regusto amargo. "¡Estás igual!", fue lo primero que escuché, sin embargo yo, al verla no recordaba a mi amiga, aunque tardé unos segundos en poder ver su rostro detrás del de esa mujer que me saludaba. "Estoy igual" pensé yo, sin embargo ya me he visto algunas canas, sin embargo, me he sentido perdida y he creído reencontrarme muchas veces en todo ese tiempo transcurrido desde aquella vez que me dijo que se iban de la ciudad hasta ahora; ¿cómo le explicaría yo ahora a ella, que este estar igual y en el mismo lugar, me mata por dentro, que llevo años luchando contra esto de maneras cada vez más inverosímiles, que sólo me falta un exorcista para dejar, por fin, de estar igual?
Me cohíbe, me hace sentir incómoda, estar demasiado tiempo en su presencia, en el fondo somos dos extrañas; nos manteníamos informadas de todo lo que acontecía en nuestras vidas, sólo que en algún momento de ese discurrir vital, mi camino se truncó, mi crecimiento se desvió, y mientras asistía al resumen de su evolución personal (estudió, se fue de casa, ahora está casada y vive en una ciudad que no es la mía, ni la que la adoptó), yo estoy igual.
Me hizo gracia que fuera lo primero que salió de su boca, puede que tan sólo sea pura cortesía (¡qué mal te veo, cómo has envejecido!, sin duda suena peor) ahora que tengo este blog secreto para mis conocidos y público para cualquier desconocido que pase por aquí, y es raro que pase nadie por aquí, así que es más bien una especie de diario, aunque a mí siempre me salgan ñoños, y no se parezcan en nada a los de la Nin, por ejemplo.
De todos modos, el título del blog viene de un poema de Baudelaire, "semper eadem", de Las flores del mal, libro obligado para cualquier fan de The Doors, y aspirante a miss rara del instituto (¡qué lejos veo todo aquello!...ya no soy la misma aunque me empeñe), pero no pudo ser, tuve que añadirle el per, porque ya lo habían cogido (otra chica con ínfulas de "malditilla"). Me vino a la cabeza a pesar de que hacía siglos que no leía a Baudelaire, y que como todas las cosas que se hacen por imitación y que no salen de dentro, tampoco me había dejado mucha huella, más allá del famoso verso "¡es el tedio!, hipócrita lector, mi prójimo, mi hermano", porque es verdad, el impulso de hacer esta página fue la sensación de no crecer ni avanzar en la vida. Pero al releerlo tuve la misma desilusión que al abrir el libro a los 17 años, mirar el índice y buscar un poema al azar, que la mujer de la que habla el poema es una femme fatale, que es un hombre el que reniega de ella por ser siempre igual, caprichosa y malvada, y no ella la que no puede con su vida. Había otro poema del libro, "Heautontimoroumenos", en griego "el que se atormenta a sí mismo", que hubiera sido más indicado, pero me pareció demasiado tremendo...y ya no me va el rollito de adolescente atormentado/a, entre otros motivos, porque ya no soy una adolescente, aunque en estos tiempos la adolescencia dura tanto, y muchos de mis contemporáneos parece que no la quieren abandonar. Allá ellos. Además, el despropósito era vaciar las basuras que no me dejan crecer, de modo que con un poco de suerte, quizá se conviertan en abono, y algo (no tengo ni idea de qué) prospere, y ya que he dejado de ser adolescente por pura biología, por alguna alquimia misteriosa, deje de ser "atormentada" (y creo que recientes experiencias me han devuelto a la esencia de mi ser, que está en las antípodas del malditismo, aunque también cierta melancolía forme parte innata de mí, como un yin de su yang, aunque sea paradójico).

De todos modos, al despedirnos, como aquel día en que nos escribimos las respectivas direcciones postales, intercambiamos los correos electrónicos y pude comprobar que pese a las evidencias de haber crecido y ser una mujer "hecha y derecha", mientras que en mi letra ya no queda rastro de la caligrafía infantil, la suya seguía siendo siempre la misma.

No hay comentarios: